A finales de los 60’, un grupo neoyorquino de pop
psicodélico de gran calidad llamado Gandalf saca a la luz su homónimo y primer
LP. La banda, fundada años atrás por el guitarrista Peter Sando el bajista y
vocalista Bob Muller, el batería Davy Bauer y el teclista Frank Hubach, sin
saberlo, compuso una de las obras musicales más perfectas del panorama
psicodélico. Una obra que, debido a su excentricidad, no tuvo reconocimiento
alguno en su tiempo. Afortunadamente para nosotros los oyentes, este magnífico
trabajo sigue pudiendo ser escuchado y el tiempo, poco a poco, lo está poniendo
en el lugar dónde merece estar.
El disco comienza con una suave melodía a órgano que poco a
poco deja paso a una guitarra minimalista. Se trata del tema Golden Earrings, una de las canciones
más rompedoras jamás compuestas. Comienza siendo un corte minimalista, simple y
melancólica cuando, de repente, una disonancia aparece cortando al oyente su
respiración por unos segundos para, posteriormente, volver a la tranquilidad. Y
esto, señores, en tan solo poco menos de tres minutos.
Le sucede Hang on to a
Dream, de ritmo similar a la anterior. Igualmente está presente una guitarra
minimalista, una que no trata de sobresalir, sino de cortar la sobresaliente voz
del cantante. Sin embargo, este tema, adornado con un permanente teclado,
esconde un estribillo arrollador, que contrasta con la lentitud del resto del
corte.
Con un bajo distorsionado se presenta la canción más corta
del disco, con poco menos de dos minutos de duración. Se trata de un tema
rockero, relevante por ser el de los pocos en los que podemos ver la técnica
del guitarrista. Perfecto preludio para amenizar la siguiente parte del LP.
Los dos temas siguientes son quizás los más flojos. Y no es
porque pierdan calidad, sino porque son un intento de comercializar un tipo de
música que no se puede tratar de esa manera. Cual canción navideña de ascensor,
aparece Scarlett Ribbons que se queda
en eso, una canción de ascensor con cierta influencia psicodélica. La
siguiente, You Upset the Grace of Living,
notablemente mejor y más animada que la anterior suena a los Beatles. Como ya
se ha mencionado, no es que sean canciones precisamente malas, el problema es
que no suenan a Gandalf, no suenan al sonido que nos tenían acostumbrado a
escuchar.
Alejándonos de estos dos intentos desesperados por entrar en
la radio, damos paso al siguiente corte. El sitar siempre nos indica que se
viene algo grande, y esta no es la excepción que confirma la norma. Gandalf
arroja al vacío todo el minimalismo instrumental para entregarse a una preciosa
canción con toques progresivos. Sobresale el teclista, el cual nos deleita casi
al finalizar la canción con un enorme solo.
Y al fin, sonido del principio vuelve. Y no vuelve como
quién no quiere la cosa, no, vuelve en el mejor tema compuesto por la banda (con
permiso del anterior y del último corte), Nature
Boy. Este tema lo tiene todo para ser perfecto, comienza minimalista, como
los dos primeros, con la diferencia de que tiene un estupendo solo de guitarra,
como el tercero. La sobresaliente voz del cantante pone el broche de oro a una
de las mejores canciones compuestas de todos los tiempos.
Tiffany Rings
vuelve a sonar a ascensor, al igual que Scarlett
Ribbonss, sin embargo esta suena algo distinto. Quizás sea su corta
duración lo que hace que no se convierta en el hermano gemelo de la anterior,
pero el caso es que suena como su versión mejorada.
El siguiente corte, Me
about you, es difícil de comentar. Demasiado etéreo para una escucha
detenida. Lo que sí se puede describir es una sensación de estar flotando al
escuchar los primeros segundos de este tema para, poco después, golpearte
contra el suelo y realizar un precioso viaje en montaña rusa hacia la siguiente
canción.
I Watch the Moon
sirve de colofón para esta brillante obra. Se trata de una canción
extremadamente progresiva, pero de muy corta duración. Es un tema para desgranar
y estudiar poco a poco. La canción definitiva, donde se recogen todas las
influencias de los cortes anteriores, desde el minimalismo de la guitarra hasta
el ya nombrado sonido a los Beatles, finalizando con una soberbia parte
instrumental que hace recordar a los magníficos Camel, unos astros del
progresivo.
Una lástima que, a pesar de los intentos de catapultar esta
música hacia la radio, este grupo no haya tenido la repercusión necesaria para
que sus miembros decidiesen continuar. Tras este LP, los músicos decidieron
separarse. Me alegra pensar que, si las cosas hubiesen sido diferentes, ahora
mismo estaríamos hablando de Gandalf como si ahora mismo hablásemos de The
Doors o de cualquiera de los grandes de la psicodelia.
En cuanto a su valoración, es un disco casi perfecto. Lo
hubiese sido de no ser por aquellos dos intentos de música comercial, pero
supongo que de algo tenían que comer.
8.75/10

